art : Artes
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Psicología del Arte

Docente titular
Jefe de trabajos prácticos
Programa vigente
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Cuatrimestre
2do Cuatrimestre
Modalidad
Final obligatorio

El estudio de las obras de arte desde el psicoanálisis se suele enfrentar no pocas veces con cierta trivialidad. En efecto, puede suceder que se utilicen las obras para exponer principios conocidos de antemano, o bien, se da la idea que la obra estudiada es parte evidente de la teoría del autor y su explicación más acabada. Con alguna frecuencia, el lector desprevenido puede llegar a pensar que es en el estudio de estas teorías donde puede encontrar la verdadera comprensión del arte. La utilización múltiple de la obra de arte con fines teóricos deja un gran ausente, que es la obra misma.

Pero la empresa de su análisis cae en el borde de la teoría misma para incluirse más bien, en el campo de la crítica, entendida como la introducción de interpretantes que permitan nuevas comprensiones de un universo hasta entonces no visible, y que a partir de lo cual, se introduce como lenguaje social y evidente de la obra. No obstante, el psicoanálisis ha introducido en el mundo contemporáneo ciertos ejes categoriales, que pueden encontrarse por influencia o simultaneidad, en autores ajenos a sus desarrollos. Así sucede con la repetición como herramienta metodológica, con el desvelamiento de un motor o causa ocultos, hipótesis cuasi vitalista frecuente en la ciencia y en el arte germánicos finiseculares, o aún con la comparación con la deriva de una sucesión, en cuyo flujo se encuentra aquel desvelamiento. Esta dimensión temporal y tópica de marcación define a veces lo que se espera de una explicación, aún de aquella en arte.

Así encontramos en René Huyghe el estudio de lo repetido en el conjunto de la obra como "el mundo" o en Malraux el "esquema personal", o aún en Weber, el "tema personal",  definiciones todas que bordean el tema del estilo, capítulo tan vapuleado como diverso, y en psicoanálisis lugar frecuente de aparente confesión de acuerdo tanto como de coincidencia superficial o de política institucional.

Estudiemos pues la obra tratando de comprender lo propio, lo específico de su lenguaje, es decir de la estructura narrativa, plástica, musical o verbal, que sostiene el interés estético de la obra y que permite, según la teoría freudiana, ocasionalmente una identificación de aspectos inconscientes más profunda. En cualquier análisis la obra puede ser reducida al esquema teórico de lectura que se le anteponga. Aceptando muchas de estas claves, el análisis de ese soporte tanto en su contenido figurativizado -los personajes, su psicología, su psicopatología, etc- como en los conflictos formales del lenguaje utilizado parece la más respetuosa y genuina de la obra en sí. Se trata casi de una mirada clínica, lo menos teórica y reduccionista posible, de la construcción de un lenguaje. Esta perspectiva, enfatiza la correspondencia con el análisis formal del lenguaje, puede ser a su vez consecuencia de una concepción artística determinada y por ende temporal vinculada con el arte abstracto, con la búsqueda del sentido, de la significación o del "espíritu", como definitorio de la imagen. Sin embargo, las teorías psicológicas y psicoanalíticas en general sostienen la misma deuda de origen con un vitalismo romántico que "anima" la presencia física. Este abordaje es entonces una vía de análisis del lenguaje, en el borde de la teoría psicológica hacia la teoría y la reflexión del arte a través de un desmontaje crítico de la obra.

En otras palabras, es una puesta en escena de los desarrollos narrativos de una obra, de los cuerpos de sentido, de los espacios dramáticos, construidos por un autor, cuyos contornos no coinciden casi nunca con los personajes, las figurativizaciones del proceso que genera la creación.